“Siento el virus sobre mis huesos”

Hay que tener mucha maestría para crear el carácter de un personaje en tres líneas. Eso fue lo que pensé al comenzar Sobre los huesos de los muertos de Olga Tokarczuk; me sorprendieron tanto las primeras palabras de la novela que supe que llegaría hasta el final. Así que me dejé seducir por esa mujer, que veía la posibilidad de la enfermedad o la muerte con sentido del humor.
Estas semanas estamos aprendiendo mucho de soledad y muerte. Especialmente aquellos que pasan estos días encerrados en casa en absoluta soledad o han perdido a un amigo o familiar. No es mi caso, pero pienso en ellos porque temo la soledad. Quizá por eso me atraen estos personajes que deciden voluntariamente retirarse de la sociedad para vivir acompañados de sí mismos. En esta novela se respira soledad, silencio y mucho frío. Por ella circulan varios personajes enfrentándose a su vida y rozando tímidamente la de sus vecinos. De alguna manera hay similitudes con la situación que estamos viviendo.
Personalmente disfruto de momentos de relajación, de poder estirar el tiempo y dedicarlo a aficiones dejadas al margen. Disfruto de mis ratos de soledad y de la compañía de los míos; sé que recordaré algunos de estos momentos como un pequeño regalo: nos ha permitido convertir el salón a ratos en una sala de yoga, en una sala de estudio, en un salón recreativo... hemos elegido juntos la serie de Netflix que “nos iba a cambiar la vida”, hemos dedicado horas a repasar los álbumes de fotos y comentar aquellas anécdotas que ya no recordábamos. Hemos desempolvado los vídeos familiares y nos hemos emocionado recordando esos momentos. Y esos encuentros virtuales en grupo con mis hermanos, con mis sobrinos, con mis amigos.. Todo esto me lo ha regalado esta pandemia.
Pero también siento angustia y frío, miedo de que alguno de los míos pueda verle la cara a la muerte, y por culpa de esta maldita pandemia, no tengamos siquiera la oportunidad de estar ahí para darnos la mano, una caricia, un beso, el último beso... Esa imposibilidad de llegar a tiempo a la despedida me produce un terrible escalofrío. El mismo frío que acompaña a mi protagonista y sus vecinos a lo largo de la novela. Por eso siento el frío de este virus sobre mis huesos.

Eva Reviriego Cuenca

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